jueves, 31 de marzo de 2016

La complejidad de la experiencia lectora: Reflexiones de un grupo de lectores adolescentes de cómics


  The Damaged Books Room (Fantagraphics). Jonas Seaman

 
Agradecemos mucho a Lucia por esta entrada sobre su investigación con jóvenes, lectura y comics. Seguramente será de interés para muchos de nuestros lectores. Las más recientes conferencias y exposiciones sobre comics muestran que cada vez más se reconoce su estética y su potencial.
Justamente acaba de inaugurarse una exposición en el Museo Hunterian de la Universidad de Glasgow:
http://www.gla.ac.uk/hunterian/visit/exhibitions/exhibitionprogramme/comicinvention/#/whatisacomic?

EA y LG


Lucia Cedeira Serantes trabaja como Assistant Professor en la Graduate School of Library and Information Science (Queens College, CUNY). En estos meses, su trabajo se concentra en la expansión y publicación de una parte de la tesis dedicada al rol que la materialidad juega en la experiencia lectora. Sus próximos proyectos se enfocarán en la relación entre “no lectores” y lectura: las maneras en que nociones y prácticas adheridas a la experiencia lectora se comunican y perpetúan en la sociedad y cómo los “no lectores” modifican o rechazan estas nociones como parte del desarrollo de su identidad.

 

Después de un año en mi programa de doctorado, el tema que me había animado a comenzar estos estudios no resultó lo suficientemente motivante. No era ni seré la última estudiante que pasa por esa experiencia. Con algo de ansiedad y mucha ilusión comencé la búsqueda de un nuevo tema que llegó después de mucha lectura, paciencia y consejos de mis tutoras de tesis. Mi interés por la experiencia lectora, y por los lectores de cómics en particular, surgió a partir de varios proyectos de trabajo, de los cuales algunos llegué a publicar (Cedeira Serantes, 2013) y otros se quedaron en ese tintero invisible que tenemos los académicos— la carpeta real o virtual de Ideas que todos acumulamos.

¿Por qué los cómics y sus lectores merecen nuestra atención? Simplemente me pareció que detrás de las experiencias lectoras de estos jóvenes interesados en cómics (webcomics, novelas gráficas, manga, etc…) había una complejidad y riqueza que no encontraba en las investigaciones de Comunicación (centradas en las experiencias de los fans) y en los trabajos publicados en Biblioteconomía y Educación (centradas en lectores con dificultades lectoras y lectores visuales).

Tradicionalmente, los cómics han sido un material de gran interés para los jóvenes a pesar de que los adultos, desde la familia e instituciones culturales y educativas, los han menospreciado. En general, la investigación sobre cómics sigue dos caminos: 1) el análisis literario, lingüístico o estético de los textos, sobre todo para decidir o justificar su status como literatura “de calidad”; 2) los cómics como texto/producto que es clave en las actividades y experiencias de las comunidades de fans. Mi objetivo con este trabajo doctoral era promover un cambio de perspectiva en las investigaciones sobre la lectura de cómics. La pregunta que orientó mi interés fue la siguiente: cómo los lectores construyen y entienden su experiencia lectora, especialmente cuando el cómic es un material de lectura, y lo que este proceso revela sobre sus identidades lectoras y los contextos sociales de esta experiencia.  Mi intención era alejarme de las investigaciones centradas en fans y consumismo y en el análisis estético o literario y centrarme en los lectores y la experiencia lectora. Este enfoque resalta mis influencias académicas: investigadores como Radway (1991) que inspiró mi interés en grupos de lectores ignorados; Mackey (2011) y Ross, McKechnie y Rothbauer (2006) quienes ayudaron a materializar este proyecto; y Gemma Lluch y Fuller y Rehberg Sedo (2013) quienes continúan ampliando mis horizontes académicos.

Antes de continuar he de hacer una pequeña confesión. Mi propia historia personal como lectora de cómics me ayudó a reconocer que existía la posibilidad de que la experiencia lectora de cómic no fuese tan simple como la veía reflejada en muchas investigaciones. Nací en España y en mi infancia leía tiras e historietas como 13, Rue del Percebe de Francisco Ibañez, Astérix de Goscinny y Uderzo, y El Capitán Trueno de Mora y Ambrós. Ya adolescente, el tebeo americano invadió mi imaginario y la Patrulla X se convirtió en una de mis lecturas favoritas. En la universidad mi interés por los cómics disminuyó y El Víbora fue la única superviviente de esta criba cultural hasta que redescubrí los cómics durante mis estudios de biblioteconomía en Pittsburgh. Supongo que nada mejor que Maus de Art Spiegelman para hacer resurgir este interés. Mi vida lectora mezcla géneros, orígenes y formatos y se convirtió en un ejemplo (evidentemente anecdótico) de la diversidad del medio así como de los elementos que pueden afectar el desarrollo del interés por la lectura de cómic.

Una de las claves en el desarrollo de este estudio era mantener las voces de los lectores en el centro de la investigación y de la comunicación de los resultados. Una metodología fenomenológica-hermenéutica (Cohen, Kahen y Steeves 2000; Kvale y Brinkmann 2009) permitió que la riqueza y los múltiples aspectos de la experiencia lectora emergieran de inmediato. El grupo de participantes incluía diecisiete jóvenes, de entre dieciséis y veinticuatro años, nueve chicos y ocho chicas. En este grupo estaban representadas diferentes experiencias lectoras, algunos llevaban leyendo cómics sólo un año y otros desde su niñez. Para lograr esta diversidad en experiencias lectoras, el reclutamiento de participantes se realizó en tiendas de cómics, en bibliotecas públicas, y en una universidad.

Las consideraciones, experiencias y procesos que surgieron de estas entrevistas demuestran que la lectura de cómics es una práctica sofisticada con elementos característicos únicos y además presenta a este grupo de lectores como reflexivos, comprometidos y concienzudos. Igualmente, de estas conversaciones se intuye que la experiencia lectora necesita ser contextualizada (situated), requiriendo del investigador el estudio de cómo afecta a la identidad lectora (reader-self) y viceversa, así como el/los contexto/s social/es donde la experiencia tiene lugar. Esta complejidad ya se reflejaba en la riqueza y multiplicidad de perspectivas que surgían durante las entrevistas. Pero para poder trabajar con esta información, a veces la tentación era intentar simplificarla: separar lo que mis lectores describían como una experiencia unificada en compartimentos que, como investigadora, me serían más sencillos de analizar y comunicar. Conseguí superar esta tentación trabajando con una representación visual, que no un modelo, que mostraba lo que identifiqué como las cuatro dimensiones de la experiencia lectora pero al mismo tiempo mantenía una unidad compleja presente y visible: 1) la construcción de la identidad lectora (reader-self); 2) el importante rol que juega la materialidad de las cómics (comics form and format); 3) las instituciones que contextualizan la lectura de cómics (institutions); 4) la singular relación que tienen las estructuras temporales aceleradas que caracterizan la sociedad contemporánea y la lectura de cómics (time).

 


 

Lucia Cedeira Serantes


Esta representación visual no es tan clara como debería ya que responde más a un borrador de uso personal que a un modelo para la comunicación académica, pero sirvió a la perfección para evidenciar  que las cuatro dimensiones trabajan al unísono  y así reflejar la complejidad que los participantes en el estudio compartieron conmigo. La primera dimensión, la identidad lectora, trata de explorar cómo ésta se construye individual y colectivamente, sobre todo cuando se considera la importancia de la comunidad comiquera. El género de los lectores así como las experiencias lectoras satisfactorias e insatisfactorias también influyen en la evolución de esta identidad. La importancia de la materialidad se hace notar desde el momento en que son los propios participantes los que la incluyen en nuestras conversaciones. Esta inclusión apunta a la necesidad de investigar cómo el cambio de formatos y materiales puede transformar nuestra relación con la experiencia lectora y con lo que elegimos para leer. Así pues, los participantes reflexionaron y compartieron las características del formato impreso y la lectura en papel y lo que éstas permiten y posibilitan (incluso en sus limitaciones) en comparación con formatos digitales. La tercera dimensión invita a considerar la importancia de las instituciones y estructuras que rodean e influyen en la experiencia lectora, entre ellas la industria de los cómics así como las instituciones culturales y educativas como bibliotecas, escuelas o universidades. De manera directa e indirecta, en estos espacios la lectura de cómics se introduce, se apoya, o se menosprecia. Finalmente, la cuarta dimensión se centra en las estructuras temporales que rodean a los lectores y se centra en cómo éstos definen las cómics como textos complejos que con fluidez se adaptan a unos requerimientos temporales de escasez, aceleración, velocidad, e instantaneidad pero al mismo tiempo los lectores aprecian que el lenguaje de las cómics apoya la creación de momentos para la contemplación (Cedeira Serantes, forthcoming 2016).

La información que aflora de las experiencias y las reflexiones de los participantes en este estudio desafían profundamente los lugares comunes y estereotipos compartidos sobre las prácticas lectoras de un grupo tradicionalmente menospreciado. Los posts anteriores de Erin Spring y Carolina González evidencian que la investigación sobre lectura y jóvenes lectores está en un momento expansivo en que busca sumergirse en la búsqueda del significado y la relevancia de las prácticas lectoras así como en el rol de “nuevos formatos” como los cómics. Mis lectores compartieron unas experiencias y consideraciones que ayudan en esta expansión de nuestro conocimiento sobre las prácticas lectoras de los jóvenes. La complejidad que revelan y comparten también sustenta la urgente necesidad de introducir los cómics en bibliotecas y otras instituciones culturales y académicas.

Referencias:

Cedeira Serantes, L. 2013. Misfits, loners, immature students, reluctant readers: Librarianship participates in the construction of teen comics readers. In Transforming young adult services: A reader for our age, edited by Anthony Bernier, 115-135. New York: Neal-Schuman.

Cedeira Serantes, L. forthcoming 2016. When comics set the pace: The experience of time and the reading of comics. In Plotting the Reading Experience: Theory, Practice, Politics, edited by Lynne Mckechnie, Paulette Rothbauer, Knut Oterholm, and Kjell Ivar Skjerdingstad. Waterloo, Ontario Wilfrid Laurier University Press.

Cohen, M. Z., David L. Kahn, and Richard H. Steeves. 2000. Hermeneutic Phenomenological Research: A Practical Guide for Nurse Researchers. Thousand Oaks, Calif.; London; New Delhi: Sage.

Fuller, D., and DeNel Rehberg Sedo. 2013. Reading beyond the Book: The Social Practices of Contemporary Literary Culture. New York: Routledge.

Kvale, S., and S. Brinkmann. 2009. InterViews: Learning the Craft of Qualitative Research Interviewing. Thousand Oaks, CA: Sage.

Mackey, M. 2011. Narrative Pleasures in Young Adult Novels, Films, and Video Games. Houndmills: Palgrave Macmillan.

Radway, J. A. 1991. Reading the Romance : Women, Patriarchy, and Popular Literature. Chapel Hill: University of North Carolina Press.

Ross, C. S., McKechnie, L., and P. M. Rothbauer. 2006. Reading Matters: What the Research Reveals about Reading, Libraries, and Community. Westport, CT: Libraries Unlimited

miércoles, 9 de marzo de 2016

Sexualidad, jóvenes y lectura


 
De la película Bajo la misma estrella, basada en la novela de John Green

Uno de los cambios sociales y culturales más notorios en los últimos veinticinco años es el que se observa en relación a la sexualidad de los jóvenes. Los medios de comunicación, el internet y las redes sociales han tenido un gran impacto en este sentido, han facilitado el acceso, por un lado, a la información acerca de todo tipo de temas y perspectivas relacionadas con la sexualidad y, por otro lado, a todo tipo de pornografía y violencia sexual. La investigación en México, como en otros países, muestra que la fecundidad de las adolescentes ha aumentado, al igual que el número de jóvenes con vida sexual activa. A pesar de que, en general, la información sobre salud reproductiva y el conocimiento de métodos anticonceptivos efectivos se ha incrementado, esto no parece haber hecho mella en la tasa de embarazos de adolescentes ni en el porcentaje de enfermedades de transmisión sexual. También se ha observado que es uno de los grupos más afectados por la violencia sexual y, en general, sigue habiendo una mayor vulnerabilidad entre los y las adolescentes de los sectores de la población con menor educación y mayor pobreza.[i]
En nuestro estudio sobre lectura no teníamos la intención de indagar sobre la sexualidad de los adolescentes, sin embargo, era inevitable que surgiera el tema dado que nuestros participantes, que tenían entre 14 y 15 años, se encontraban en esa etapa crucial de la vida humana en cuanto a la exploración y la construcción de opiniones, representaciones, perspectivas y decisiones acerca de las relaciones, el sexo y la orientación sexual. Los comentarios más comunes de los chicos y chicas se hicieron sobre la necesidad de obtener información, en especial acerca de la homosexualidad, el acoso, la coacción y la violencia de pareja.
En parte, estas inquietudes surgieron a partir de las lecturas: en Justicia Divina hay una escena sexual explícita además de referencias a la homosexualidad de uno de los fantasmas; en La niña de rojo, el tema de la trata y explotación sexual de las mujeres impregna el libro álbum y hay una subyacente amenaza de violencia desde el principio hasta el final y en Memorias de Idhún destaca el deseo y el amor de los enemigos mortales, Kirtash y Jack, por Victoria que los lleva a aceptar que ella los ama a los dos (más adelante en la saga tiene relaciones sexuales con ambos).
Sin embargo, aun antes de darles los libros, las referencias a la sexualidad surgieron, casi de inmediato, cuando hablamos de sus lecturas fuera del colegio. Uno de ellos mencionó, con franqueza, que el tema de las relaciones sexuales era uno que le interesaba: “ahorita he leído un libro que se trata de los adolescentes, qué les ha pasado, cómo cuidarse y todo […] en la relación sexual, cómo protegernos, y pues ya.”
Al principio pensamos que quizá por medir nuestra reacción, dos jóvenes nos comenzaron a contar en detalle novelas eróticas. Más adelante, cuando llegamos a conocer un poco a los participantes, nos pareció que en ambos casos su elección y su deseo de hablar sobre estos temas tenían que ver con situaciones donde ellos veían alguna semejanza con incidentes o problemas que los estaban afectando en ese momento. Una chica nos relató:
[…] me gusta leer, apenas leí un libro que se llamaba “Julieta y sus hombres de juguete”, trata como de sexo o así, habla de cómo juega con ellos, porque trata de que ella tuvo, estuvo muy enamorada de una persona, de un chavo, y la trató mal, y después ella quiso hacer lo mismo, quiso tratar mal a los hombres, y como es muy bonita y tenía un buen cuerpo, jugó con todos ellos, y les hacía cosas feas como dejarlos así como… es que se oye vulgar… como calientes […]
El otro joven nos describió un libro del Marqués de Sade y más adelante en el proyecto volvió varias veces al tema del abuso y la violencia; por ejemplo, en su “Río de lectura”  incluyó un libro llamado El Arte de ser Joven y nos explicó que trataba sobre
[…] cómo tener una relación amorosa sin violencia, en donde implica que una persona no tiene que ser violentada por su pareja, que tiene que haber amor mutuo y que no se debe de forzar a una persona a tener relaciones, si las dos no quieren, porque eso sería abuso sexual.
Entre los demás participantes hubo varias alusiones al tema de la violencia sexual, algunas más explícitas que otras, y sobre todo relacionadas con La niña de rojo donde el primer final deja la suerte de la niña en manos del “lobo” y a la imaginación del lector.
Las alusiones a la homosexualidad fueron menos explícitas pero se hizo evidente que algunos participantes estaban preocupados por su orientación sexual. A pesar de que existe más tolerancia en México en general ante la población LBHT, todavía existen muchos sectores culturales y religiosos conservadores caracterizados por la intolerancia y la homofobia. De nuevo, estos comentarios surgieron en la primera sesión:
Había una librería […] pasé y encontré muchos libros y todos se me hicieron muy padres, pero había uno que me llamaba la atención […] decidí comprarlo, y me gustó, lo empecé a leer, a leer, a leer, y me empenetré [sic] de todo lo que venía, de cómo una jovencita se puede enamorar de alguien de su mismo sexo…
Es importante notar que este tipo de comentarios arrojan serias preguntas para todas las personas que trabajamos con jóvenes, aunque sea en un taller de lectura. ¿Qué decir sobre estos libros? ¿Cómo responder? Podemos escuchar y mostrar empatía, pero podemos ni debemos situarnos como psicólogos o terapeutas si no tenemos ese entrenamiento. De acuerdo con los procedimientos éticos de investigación, cuando los investigadores identifican que un participante parece tener un problema que lo está afectando, sobre todo, cuando se trata de un alumno en edad escolar, se debe informar a las autoridades correspondientes. Aun sin evidencias clara sentimos que, no obstante la confidencialidad de la respuesta lectora, era más importante hablar con la persona responsable de los y las estudiantes sobre nuestra preocupación, en este caso resultó que ella ya estaba pendiente del caso.

 
En la encuesta llevada a cabo en 1992, entre los libros más leídos, se encontraron Nacida inocente, Pregúntale a Alicia y ¿Qué le pasa a mi cuerpo? En 1996, el libro más popular fue Juventud en Éxtasis de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, autor que en esa época estaba entre los más conocidos y sus obras eran de las más vendidas en México. En un artículo que explora la construcción de sexualidades y relaciones en esta novela de “auto-ayuda”, Daniel Nehring (2009) nos dice que la popularidad de esta novela resalta las transformaciones culturales en cuanto a las relaciones sexuales en México en las últimas décadas, sobre todo en cuanto a las tensiones entre la tradición (religiosa-patriarcal) y la modernidad.
Los libros de Cuauhtémoc Sánchez aparecieron de nuevo en la encuesta de 2014, pero se encontraron con un rival en Cincuenta sombras de Grey de E. L. James (la película aún estaba por estrenarse). Una tarde que llegamos al taller en una de las escuelas, la directora nos contó que le había confiscado el libro a una de las alumnas. Una de las participantes en el taller me contó que también lo estaba leyendo y defendió la lectura de su compañera:
[…] la directora se enojó que porque esos libros no son para nuestra edad. Pero pues yo siento que depende como lo tomes ¿no?, porque también si tú eres una persona morbosa o de ese tipo de personas, pues obviamente que eso lo vas a tomar de esa manera, pero o sea, yo lo tomo como una distracción, como conocer experiencias de libros, y pues lo estoy leyendo, y no lo traigo a la escuela porque sí, se lo quitaron […] Entonces pues yo lo vi como una injusticia, porque hasta la misma directora dijo que ese tipo de libros depende de cómo los tomemos, porque es un libro erótico […] o sea, sí hay edades para leer libros, pero por ejemplo mi mamá, yo le digo de qué trata, y me dice: no pues tómalo así y así y así ¿no?, entonces me ayuda un poco a digerirlo mejor.
Esta defensa es alentadora en el sentido que nos muestra una posición madura por parte de esta joven, en la cual está consciente de las distintas razones y maneras de acercarse a este tipo de lecturas, de la importancia de poder “conocer experiencias” a partir de los libros sin exponerse a situaciones riesgosas y de la ventaja de poder hablar de ello con alguien con actitud abierta quien la pueda guiar, en este caso su madre.
Mientras que Lydia Kokkola (2013) sostiene que en la mayor parte de la literatura juvenil subyace una perspectiva conservadora y controladora por parte de los adultos (quienes continúan a inquietarse por la manifestación del deseo en los jóvenes), Kimberley Reynolds (2007) señala que hay libros juveniles “radicales” que no sólo representan los cambios en la sociedad sino que a la vez contribuyen a formar nuevas actitudes y expectativas acerca de, y entre, los jóvenes. Además sostiene que estos libros pueden ayudar a los lectores a ajustarse a estos cambios culturales y sociales. Así, en la década de los 70, en los libros expresamente escritos para jóvenes predominaban los mensajes informativos y didácticos acerca de la sexualidad pero más recientemente, pesar de las críticas y censuras, los libros juveniles han comenzado a abordar los temas del deseo, el placer y las relaciones entre adolescentes (heterosexuales, bisexuales u homosexuales), con cada vez más naturalidad, sin caer en “pánicos morales” y hasta con humor. Pensemos por ejemplo en  Bajo la misma estrella de John Green, otro de los libros más mencionados en la encuesta de 2014, donde se muestra una relación franca, amorosa y respetuosa entre dos jóvenes (incluso olvidamos que están enfermos).
La lectura de este tipo de libros juveniles “radicales”, aunada a una mediación adecuada y preparada, puede proporcionar espacios seguros para explorar y expresar dudas y sentimientos en vez de mantener los silencios alrededor de situaciones peligrosas o abusivas. Quizá también les ayude a los jóvenes lectores a tomar decisiones informadas y a la vez asumirse como seres sexuales, con todo lo que esto implica.


Del “Río de lectura” de uno de los participantes en el taller

 
Referencias
Kokkola, L. (2013) Fictions of Adolescent Carnality: Sexy sinners and delinquent deviants. Amsterdam: John Benjamins Publishing Company

Nehring, D. (2009) Modernity with Limits: The Narrative Construction of Intimate Relationships, Sex and Social Change in Carlos Cuauhtémoc Sánchez's Juventud en Éxtasis Sexualities 12 (1) 33-59.

Reynolds, K. (2007) Radical Children’s Literature. Nueva York: Palgrave Macmillan.


[i] Referencias generales: Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012;  Campero Cuenca1, L. et al (2013) Salud sexual y reproductiva de los adolescentes en México: evidencias y propuestas, Gaceta Médica de México 149:299-307;  Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2014 (INEGI); Stern, C. (coord) (2008) Adolescentes en México. Investigación, experiencias y estrategias para mejorar su salud sexual y reproductiva. El Colegio de México.

viernes, 19 de febrero de 2016

Literatura fantástica juvenil… ¿en clase? (2ª parte)


 


“Fanart” de los símbolos más característicos de Memorias de Idhún: las tres criaturas míticas: el unicornio, el dragón, el shek junto con el hexágono que representa los tres soles y las tres lunes de este mundo de ficción. Fuente: http://lincelots.deviantart.com/art/Idhun-268499134

En la primera parte de este artículo presenté algunos argumentos a favor del uso de la literatura juvenil fantástica en la escuela junto a algunas posibilidades para introducirla en la práctica diaria del aula. No obstante, el potencial educativo de la literatura fantástica no radica únicamente en el texto en sí sino que va más allá de las propias páginas del libro, como vamos a ver a continuación.

Cuando una historia les gusta y consigue conectar con ellos, los chicos no quieren que la experiencia se acabe al terminar el libro sino que quieren compartir sus impresiones, charlar sobre lo que les gustó y lo que no o formar grupos en los que puedan hacer de esa historia algo propio. Dicho en otras palabras, intentan dotar al acto individual de leer de un componente social. Con esa intención surgen las comunidades de fans: grupos de personas que comparten aficiones o el gusto por un determinado objeto cultural y que encuentran en Internet un espacio idóneo para su desarrollo. Una simple búsqueda en la red muestra que las series de fantasía para jóvenes son especialmente prolíficas en la creación de este tipo de comunidades fans, sirvan Harry Potter, Crepúsculo o Memorias de Idhún como ejemplo.

Una peculiaridad de estos grupos es que fomentan y promueven la creación de contenido creativo relacionados con el texto base, razón por las que se les suele denominar “culturas participativas” (Jenkins, 2009). Algunos ejemplos de los materiales que llevan a cabo son los llamados “fanfics” (del inglés “fan fiction”), textos literarios escritos por fans que complementan o amplían la historia en la que están basados; los “fan arts”, cualquier tipo de material artístico o visual, incluyendo dibujos, videos o manualidades  o los “cosplays”, disfraces que representan un determinado personaje de ficción y que los propios fans se encargan de coser y elaborar desde cero.

Lo que es interesante de este hecho es que tenemos constancia (Borah, 2002, pp. 347-348; Evans, 2006, citado en Reynolds, 2007) de que una gran parte de los integrantes de estas culturas participativas son adolescentes o jóvenes. Es decir, que los mismos alumnos y alumnas a veces desmotivados de nuestras clases no solo forman agrupaciones on-line gestionadas por ellos mismos sino que también cooperan en la creación de textos literarios, videos y otros materiales artísticos.

Además, hay que tener en cuenta que la mayoría de estas obras se comparten en la red una vez terminadas para que puedan ser comentadas y evaluadas por los demás miembros de la comunidad. Lluch y Acosta (2012) describen estas interacciones entre usuarios como: “una retroalimentación positiva dentro del intercambio, que fortalece el buen comportamiento de los foristas y los empuja a seguir leyendo, analizando, aprendiendo y reflexionando (p. 49)”. Gracias a este ambiente receptivo y de cooperación, los chicos se esfuerzan en sus trabajos para recibir comentarios y críticas positivas de sus pares y la mayor parte de las veces muestran en la tarea un buen hacer y unas ganas que muchas veces se echa en falta en sus trabajos de clase.

Como muestra, en la siguiente imagen (extraída de una cuenta de DeviantArt, la famosa comunidad virtual de creadores de arte), puede observarse como el autor o autora ha realizado un dibujo de gran calidad basado en una escena de Memorias de Idhún en la que ha combinado el dibujo tradicional con técnicas de ilustración digital y retoque fotográfico. Accediendo al portal donde está alojada la ilustración (véase la anotación bajo la imagen) pueden observarse también los mensajes de apoyo y de crítica de otros usuarios a los que hice mención en el párrafo anterior.

“Fanart” mostrando una de las escenas del primer libro de Memorias de Idhún en la que Victoria cura las heridas de su amigo Jack con su magia. Fuente: http://sparkly-monster.deviantart.com/art/MDI-Jack-y-Victoria-493098540

El mismo buen hacer puede apreciarse en algunos “fanfics”, donde sus autores (mucho de ellos adolescentes, he de recordar) cuidan al milímetro tanto el lenguaje utilizado como el grado de fidelidad a la obra en la que se basa, algo que requiere una concienzuda lectura previa del original. Si se quisiera acceder a algún “fanfic” recomiendo la comunidad on-line “wattpad” o el foro oficial de Laura Gallego en el caso de Memoria de Idhún, que sirven como repositorios de estos trabajos literarios amateur. En cuanto a video, la plataforma Youtube es sin duda el mejor lugar a donde dirigirse para buscar book-trailers realizados por fans.

Resumiendo, los chicos son capaces de crear trabajos artísticos de calidad, a veces en solitario y a veces cooperando y, además, son capaces de apreciar el trabajo llevado a cabo por otros, emitiendo juicios de valor en el proceso. Merece la pena recalcar que todo ello lo hacen de forma desinteresada en su tiempo libre, únicamente impulsados por su motivación hacia unas historias y unos personajes que saben conectar con lo que les preocupa y con lo que les interesa.

Booktrailer del primer libro de Memorias de Idhún realizado por fans. Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=5pM0m7b4dIM

A donde quiero llegar es que, si bien la literatura fantástica juvenil es un material rico y motivador en sí mismo, no menos interesantes desde un punto de vista educativo son todos los procesos participativos entre fans que de ella derivan y que he ido detallado en los párrafos anteriores.

Los profesores y educadores tendemos a pensar que es complicado encontrar actividades interesantes e innovadoras que motiven a los y las estudiantes. Sin embargo, creo que simplemente deberíamos identificar lo que les gusta hacer y hacerles conscientes de que esos hobbies suyos también son oportunidades para aprender. En el caso que nos ocupa, prestando atención a las actividades que llevan a cabo los chicos en las comunidades on-line, podemos encontrar multitud de ideas que pueden ser integradas perfectamente en la dinámica de clase. La participación en foros o la creación de contenido transmedia sobre las historias que les gustan no deberían estar reñidas con el aprendizaje de la lengua y la literatura. Todo lo contrario, pienso que estas nuevas prácticas son una nueva forma de entender y crear conocimiento y, por lo tanto, creo que pueden suponer una herramienta útil para dar esa vuelta de tuerca a la enseñanza de la que hablaba al comienzo de este artículo.

Por ejemplo, la lectura obligada de un libro puede pasar a ser algo que merezca la pena hacer si es una obra juvenil que les guste o de la que han oído hablar por gente de su edad, aunque sea de una extensión tan amplia como lo es Memorias de Idhún; una aburrida redacción de un texto puede convertirse en un concurso de relatos y de auto-superación (como ya se promueve desde la plataforma NaNoWriMo (*) o el tradicional resumen de un libro puede ser más divertido de hacer si más tarde va a ser el guion de un booktrailer que grabaremos en clase para posteriormente subirlo a alguna plataforma on-line.

En definitiva, en contra a lo que tradicionalmente se ha dicho sobre ella, la literatura fantástica juvenil es un material didáctico tan válido como cualquier otro. La riqueza de sus historias y la flexibilidad del género la hacen una herramienta útil no solo para la enseñanza de la literatura sino también para cualquier otra área. Además, el grado de motivación que consigue en los lectores jóvenes es tan alto que consigue implicarlos en procesos colaborativos de creación artística que, por sí mismos, tienen también un gran potencial educativo y que, de darles una oportunidad, pueden funcionar como un elemento innovador de clase que conecte con nuestros jóvenes del siglo XXI.
Alberto Bolaños Montealegre

Notas

(*) La plataforma on-line NaNoWriMo se describe en su página web como “un enfoque divertido y lleno de improvisación en la escritura de novelas” en el que “los participantes comienzan a escribir el primero de noviembre y la meta es escribir una novela de aproximadamente 175 páginas (50,000 palabras) antes de la medianoche del 30 de noviembre.” A pesar de que puede resultar todo un desafío, lo cierto es que ha tenido una gran acogida en Internet. De hecho, ya hay interesantes novelas publicadas a raíz de esta iniciativa, por ejemplo, “Fangirl” de Rainbow Rowell o “Cinder” de Marissa Meyer en el campo de la literatura juvenil.

Referencias bibliográficas

- Borah, R. S. (2002) “Apprentice Wizards Welcome: Fan communities and the Culture of Harry Potter”. En: Whited, L. A. (ed.) The Ivory Tower and Harry Potter: Perspectives on a Literary Phenomenon. Columbia; London: University of Missouri Press.

- Jenkins, H. (2009) Confronting the Challenges of Participatory Culture: Media Education for the 21st century. Cambridge, Massachusetts; London: The MIT Press. Disponible en: https://mitpress.mit.edu/books/confronting-challenges-participatory-culture (Última consulta 09/01/2016)

- Lluch, G. y Acosta, M. (2012) “Conversaciones sobre lecturas en la web 2.0: El caso de Laura Gallego (Análisis de conversaciones virtuales entre adolescentes)”. En: Lecturas para el nuevo siglo: formación receptora y lector hipertextual. La Laguna: Servicio de Publicaciones de la Universidad de La Laguna.

- Reynolds, K. (2007) Radical Children’s Literature: Future Visions and Aesthetic Transformations in Juvenile Fiction. Basingstoke; New York: Palgrave Macmillan.

jueves, 28 de enero de 2016

Literatura fantástica juvenil… ¿en clase? (1ª parte)


 



        Imagen promocional del videojuego Final Fantasy Tactics A2, desarrollado por Square-Enix.
Para esta entrada, nos complace dar la bienvenida a una contribución en dos partes escrita por Alberto Bolaños Montealegre. Alberto es exalumno del “Master of Education in Children’s literature and literacies” de la Universidad de Glasgow y su contribución se basa en su tesis para este programa. Dada su investigación detallada acerca de la fantasía para jóvenes y su potencial para el aula, además de su entusiasmo por la obra de Laura Gallego, estamos seguras que sus ideas serán de interés y provecho para nuestros lectores especialmente para aquellos que trabajan con jóvenes y lectura.   
Alberto Bolaños Montealegre es especialista en la enseñanza de segundas lenguas, ámbito en el que ha trabajado desde que acabó su formación universitaria inicial. Sin embargo, su interés por la literatura fantástica desde que era pequeño lo llevó a realizar su tesis de máster sobre la aplicación de los libros de fantasía juvenil en la escuela. En la actualidad ejerce de maestro de inglés para la Consejería de Educación de Castilla-La Mancha (España).

En la entrada de este blog “Vuelta a clases ¿vuelta a lo mismo con la lectura en la escuela?” (Arizpe, E. y Guerrero, L., 4 de septiembre 2015) Evelyn y Laura recalcaban lo importante que es dar una vuelta de tuerca a la educación literaria en la escuela. Es cierto que la enseñanza de los clásicos es una parte fundamental del área de literatura pero no podemos olvidar los intereses y los gustos de los chicos y chicas del siglo XXI. En mi opinión, nuestra tarea como docentes y mediadores es buscar lecturas que conecten con nuestros alumnos, que reflejen sus preocupaciones y que los atrapen de tal forma que sirvan como puerta a otras lecturas.
Precisamente esa fue la idea que motivó la escritura de mi tesis de máster “El potencial educativo de la fantasía juvenil: el caso de Memorias de Idhún de Laura Gallego García”. En ella he intentado acercarme desde la práctica de clase a un género literario frecuentemente ignorado  en colegios e institutos, el género fantástico, utilizando como ejemplo el caso de la trilogía Memorias de Idhún, una saga especialmente característica tanto de la fantasía como de la novela juvenil. En esta entrada voy a resumir las principales conclusiones de mi trabajo.

Es un hecho que la literatura fantástica nunca ha terminado de conseguir un lugar propio en los currículos escolares. Educadores y académicos han compartido con frecuencia cierta reticencia hacia este tipo de libros por considerarlos literatura “poco seria”. Sin embargo, la literatura fantástica y, en concreto, su rama juvenil, poseen unas características que la hacen un recurso educativo muy útil y que contrastan con ese recelo desde la comunidad educativa. Voy a desarrollar ahora un análisis de la literatura juvenil fantástica desde un punto de vista educativo en el que voy a intentar responder principalmente a estas dos preguntas: ¿cuáles son las principales razones por las que incluir la literatura juvenil fantástica en la escuela? y ¿es posible incluirla en la dinámica de clase de una forma coherente con los planes curriculares?

En primer lugar, en cuanto al porqué incluir estos libros en clase, una razón simple pero no por ello menos significativa es que a los adolescentes les gusta este tipo de lecturas. Diversos estudios lo confirman: Smith (2012, pp. 20-21) comenta que más de la mitad de los 25 libros más leídos por los adolescentes americanos en el 2011 pertenecían a las categorías de fantasía o ciencia ficción. Los jóvenes americanos no son los únicos, no obstante, ya que un estudio llevado a cabo en España durante el 2013 apunta en la misma dirección (Federación de Gremios de Editores de España, 2013).

Un segundo argumento es la facilidad de las novelas de fantasía para tratar temas difíciles y complejos que preocupan a los jóvenes, como la identidad o la ausencia de los padres, y colocarlos en un lugar lejos de nuestro entorno, de fantasía, donde es más sencillo hablar de ellos. En palabras de Colleen-Cruz y Pollock (2004): “cuando los niños [creo que también se puede aplicar a adolescentes] leen sobre un mundo de fantasía, alejado de su vida diaria, es mucho más seguro pensar sobre temas difíciles como la pérdida, la traición o el cambio” (p. 185). Las mismas Colleen-Cruz y Pollock (2004) nos ofrecen la descripción de su práctica de clase en la que nos cuentan cómo la lectura de libros de fantasía llevó a sus alumnos de primaria a desarrollar interesantes discusiones sobre la naturaleza del mal o la muerte. Por tanto, merece la pena tener en cuenta el potencial de estos libros para crear situaciones de debate en clase, para tratar problemáticas y preocupaciones de nuestros alumnos o incluso para trabajar temas y conceptos sobre filosofía.
En cuanto a cómo podemos incluir la fantasía juvenil en la práctica de clase, es importante apuntar que la fantasía es un género especialmente heterogéneo, flexible y diverso por lo que estos libros nos ofrecen una multitud de posibilidades diferentes en clase. Por ejemplo, en clase de lengua y literatura, no solo nos pueden ser útiles para trabajar el análisis literario sino que, además, suponen un recurso magnífico a la hora de trabajar el folklore y la literatura de tradición oral ya que la fantasía bebe directamente de ellas. Más allá de la educación literaria, los libros juveniles de fantasía ofrecen también numerosas posibilidades en otras áreas del currículum como son la enseñanza de la geografía y la cartografía (1) o la educación audiovisual (2), por mencionar solo dos ejemplos (3).

En definitiva, los libros de fantasía juvenil pueden cumplir muy bien la función de herramienta didáctica. A una gran parte de nuestros alumnos les gusta, se sienten identificados con sus historias y además suponen un buen material para trabajar diferentes aspectos curriculares de una forma diferente y atractiva. Sin embargo, el potencial pedagógico de los libros de fantasía juvenil no reside únicamente en las historias que cuentan. En la segunda parte de este artículo (siguiente entrada) profundizaré en algunas de las posibilidades educativas que nos ofrecen estos libros más allá del uso didáctico del propio libro.


 

Notas

(1) Véase Sundmark (2014) una original propuesta de clase en la que se trabaja la escritura creativa junto con conceptos cartográficos utilizando mapas de libros de fantasía.

(2) Podemos utilizar este tipo de libros, por ejemplo, para tratar conceptos como la “transmediación” o trabajar competencias relacionadas con la “alfabetización múltiple” ya que son muchos los que acaban teniendo adaptaciones en otros medios como el cine, la novela gráfica o el videojuego. Véase Soler Pardo, B. y Martín Marchante, B. (2014) para observar una propuesta de clase utilizando literatura fantástica y cine.

(3) Hay multitud de formas diferentes de integrar la fantasía juvenil en la escuela. Para ver algunos ejemplos de cómo hacerlo (entre muchísimas otras posibilidades), le animo a consultar mi tesis de máster en mi perfil de la red “Academia.edu”.

 

Referencias bibliográficas

- Arizpe, E. y Guerrero, L. (2015) “Vuelta a clases ¿vuelta a lo mismo con la lectura en la escuela?”  Transformaciones Lectoras: Actos de lectura, literatura juvenil y jóvenes en México. Disponible en: http://transformacioneslectoras.blogspot.mx/2015/09/vuelta-clases-vuelta-lo-mismo-con-la.html (Última consulta 09/01/2016)

- Colleen-Cruz and Pollock (2004) “Stepping into the Wardrobe: A Fantasy Genre Study”. Language Arts, 81(3), pp. 184-195.

- Federación de Gremios de Editores de España (2013) Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España. Alcalá de Henares: FGEE. Disponible en: http://www.editoresmadrid.org/media/43692/h%C3%A1bitos%20lectura%20a%C3%B1o%202012.pdf (Última consulta 09/01/2016)

- Soler Pardo, B. y Martín Marchante, B. (2014) “White as Snow, Red as Blood, Black as Ebony…: Employing film adaptations of the Brothers Grimm Snow White as a Didactic Tool for Learning EFL”. En: Reyes-Torres, R. et al. (eds.) Thinking through Children’s Literature in the Classroom. Newcastle upon Tyne: Cambridge Scholars Publishing.

- Smith, D. (2012) Bringing Fantasy and Science Fiction into the Classroom. The ALAN Review, 39(2), pp. 19-24.

- Sundmark, B. (2014) “‘Dragons Be Here’: Teaching Children’s literature and creative writing with the help of maps”. En: Reyes-Torres, R. et al. (eds.) Thinking through Children’s Literature in the Classroom. Newcastle upon Tyne: Cambridge Scholars Publishing.

jueves, 14 de enero de 2016

Encuestas sobre la lectura: ¿el vaso medio vacío o medio lleno?


 
La preocupación por la lectura en general pero sobre todo por la lectura de los jóvenes se manifiesta en la cantidad de encuestas y estudios recientes nacionales sobre el tema y se ha intensificado a la par -y probablemente también como consecuencia- tanto del llamado ‘boom’ de la literatura juvenil como de las nuevas tecnologías que promueven la lectura multimodal. Como dice Roberto Igarza acerca de la evolución de las prácticas de lectura y escritura, ‘El interés por indagar en esa creciente complejidad nos invita a seguir renovando las formas conocidas de medir la lectura y la escritura. Nunca antes medir el comportamiento del lector fue algo tan plural, abierto y desafiante’ (2015: 15). La literatura y las prácticas lectoras siempre han estado sujetas a los procesos culturales, sociales y económicos de transformación; lo que es nuevo es el ritmo acelerado de estos procesos y la rapidez de los cambios. De un momento a otro quedamos deslumbrados y luego apurados por seguir al tanto, ya seamos padres, maestros, mediadores o investigadores. Afortunadamente, la tecnología digital también ha permitido recoger y analizar datos con nuevos métodos y poblaciones, publicar y compartir información de manera que nos facilita el acceso a una gran cantidad de cifras y estudios como nunca antes.

En la reciente temporada festiva, me tomé unos días para leer los resultados de algunas de las encuestas y otras publicaciones en español que aparecieron hacia fines del 2015. Este texto no pretende ser una síntesis completa o una comparación entre países, lo cual requiere un análisis que va más allá de lo que es posible hacer en una entrada de blog. Más que nada, es una reflexión acerca de lo que me parecen las coincidencias, los cambios y algunos de los resultados más significativos en cuanto a la lectura en general y la lectura de los jóvenes en específico, basándome sobre todo en documentos de México, Chile y España. También me refiero a algunos otros que pueden ser útiles para los lectores de este blog (ver referencias).

Las encuestas sobre lectura tienden a incluir temas similares, por ejemplo, persisten las preguntas sobre la cantidad de libros y la cantidad de tiempo invertido en la lectura pero ahora incluyen cada vez más preguntas sobre la lectura en pantalla, siendo la encuesta de IBBY México/A leer la primera dedicada al tema en México. Es evidente también un nuevo interés por la lectura de imágenes en general (en impreso o pantalla) y por las actividades relacionadas con la computadora y el internet, sobre todo las impulsadas por los mismos jóvenes.

Como en toda investigación empírica cuantitativa, las respuestas pueden interpretarse de forma negativa o positiva, como el proverbial vaso con agua mitad lleno o mitad vacío. Por ejemplo, según las cifras reportadas por la ENL, en México se lee un promedio de 5.3 libros al año con lo cual se posiciona en el segundo lugar de América Latina (debajo de Chile con 5.4), pero si consideramos el promedio de 10.3 en España (y no se diga de 47 en Finlandia http://hipertextual.com/2015/11/libros-mexico-encuesta-nacional) no hay motivo para celebrar; sobre todo cuando consideramos el dato de que el 60% de la población mexicana encuestada no compró ni un solo libro en el último año y que el 45% no ha acudido a una librería desde hace más de un año. Hay grandes diferencias también entre la cantidad de libros (no de texto) en el hogar (en México, 40.1; en España 201). El acceso a bibliotecas y librerías es desigual y los libros cada vez son más caros y no todo se puede descargar sin pagar algo (o ilegalmente).

En cuanto a las cifras sobre la población que más nos interesa aquí, en general sí parecen ser alentadoras (como hemos señalado en la entrada del 1º de mayo 2015): los jóvenes sí leen. La ENL identificó cuatro perfiles lectores, uno de los cuáles se interesa por la lectura de todo tipo y se conforma sobre todo de lectores jóvenes (entre 12 y 21 años) llamado “Lector diversificado preferente de libros e historietas”. La encuesta de IBBY México apoya estos resultados, ya que también se encontró que los jóvenes leen más por iniciativa propia que por obligación, asisten a bibliotecas y que 7 de cada 10 invirtieron en libros impresos el año anterior a la encuesta. Ambas encuestas indican más tiempo invertido en lectura y escritura debido a los mensajes de texto y otras prácticas digitales; mayor capacidad de elección y un amplio repertorio de textos visuales y mediáticos.

Estos resultados son similares a lo que se ha encontrado en Chile y en España, donde la población juvenil es la más lectora y la que más combina su lectura con una variedad de prácticas sociales y digitales. Desde la perspectiva del vaso “medio vacío”, sin embargo, podríamos apuntar que la mayoría de los contenidos consultados y escritos son más breves e insustanciales y que la lectura se hace con rapidez y por lo tanto puede haber menos comprensión y reflexión.

Algunas coincidencias parecen obvias, como las razones que se dan para no leer (falta de tiempo, apatía o aburrimiento) y las razones para leer (placer, entretenimiento, informarse y estudiar) y la forma en que la escuela tiende a ignorar las prácticas contemporáneas. Nada de esto ha cambiado de forma sustancial en los últimos 25 años. Lo que sí ha cambiado, hecho evidente en los datos arrojados por las distintas encuestas, es el impacto de este mercado editorial global y los medios masivos de comunicación. Se nota, por ejemplo, en la proliferación de libros para jóvenes. Sin embargo, esta coincidencia de títulos mencionados es preocupante (en México, 20 libros representaron cerca del 20% del total de respuestas) ya que indican poca variedad, ya sea por falta de conocimiento y acceso, por seguir la moda y la publicidad (por ejemplo la influencia de películas basadas en el libro) y el persistente sesgo didáctico/sentimental.

En cuanto a la lectura en pantalla, por un lado, el aumento reflejado en todas las encuestas conlleva beneficios en el acceso a la información, la participación y hasta la lectura de libros, pero por otro lado, el acceso a los medios digitales sigue dependiendo de cierto nivel de recursos económicos y escolaridad y también del contexto geográfico (es mucho mayor en las zonas urbanas). La media regional e internacional del acceso a internet también sigue siendo muy dispareja. Es preocupante que la brecha económica y social sigue determinando los niveles de lectura. Por más acceso que los jóvenes tengan con sus teléfonos celulares, la tecnología en casa y en las escuelas (de gobierno o particulares) no es la misma.  

Pero, como escribe Marco Antonio Coloma acerca de las encuestas sobre lectura en Chile, ‘… los números no son suficientes. También es necesario avanzar en mediciones cualitativas, en acercamientos sociológicos y antropológicos al fenómeno de la lectura, que nos cuenten desde otras perspectivas cómo han cambiado los lectores (…) y cómo ha mudado su forma de leer.’ (Coloma 2015: 109). Las encuestas nos acercan un poco más al joven lector contemporáneo pero las cifras tienen que interpretarse con cuidado y el siguiente reto es compartir y poner esta información al servicio de los mismos jóvenes y pensar ‘… cómo se puede enriquecer y expandir las prácticas de lectura y escritura en sus formas plurales y múltiples, en los soportes y modos en que hoy se producen…’ (Dussel 2015: 142). Con la ayuda de autores, ilustradores, editores, maestros, promotores, bibliotecarios e investigadores podemos imaginar cómo queremos que sean las respuestas a las encuestas del futuro y así asegurarnos de que el vaso esté lleno para todos.

Referencias

Coloma, M. A. (sf) Medir la lectura: ¿para qué sirven las cifras? Actas del II Seminario Internacional ¿Qué leer? ¿Cómo leer? Lecturas de Juventud. Ministerio de Educación, República de Chile.

Dussel, I. (2015) Una mirada a los resultados de la ENL 2015 desde la acción de la escuela y la cultura digital. En Encuesta Nacional de Lectura pp 134-142.

Eliessetch, K. (sf) Los jóvenes según las encuestas. Actas del II Seminario Internacional ¿Qué leer? ¿Cómo leer? Lecturas de Juventud. Ministerio de Educación, República de Chile.

 (ENL) Encuesta nacional de lectura y escritura 2015-2018. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Dirección General de Publicaciones, México D.F.

(FGEE) Federación de Gremios de Editores de España (2012). Hábitos de lectura y compra de libros en España 2012. Madrid: Federación de Gremios de Editores de España.

IBBY México/A leer y BANAMEX. (2015) Primera Encuesta Nacional sobre Consumo de Medios Digitales y Lectura.

Igarza, R. (2015) El desafío de poner en perspectiva el comportamiento de los lectores en México.  En Encuesta Nacional de Lectura pp 4-15.

Picton, I. (2014) The Impact of Ebooks on the Reading Motivation and Reading Skills of Children and Young People: A rapid literature review, London: National Literacy Trust.

Primer Estudio de Comportamiento Lector (2011). Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Centro de Microdatos, Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile.