viernes, 10 de junio de 2016

Leer por placer en El Líbano: algunas percepciones a partir de conversaciones con adolescentes


 
Puerto de Byblos, El Líbano (fuente: http://www.aaa-arch.com)

Viajamos de Cataluña hacia El Líbano en esta nueva entrada que también surge de una tesis doctoral. Nayla resume algunas de sus observaciones y, más importante, reflexiona sobre lo la lectura significa para los jóvenes que viven en situaciones de inseguridad, un tema que ya hemos resaltado en nuestra investigación en México y que, desafortunadamente, es relevante en tantos países alrededor del mundo. Una vez más, notamos que cualquier estudio sobre la lectura o prácticas relacionadas se enriquece con las voces de los jóvenes y sus reflexiones sobre el impacto de los contextos sociales y políticos, históricos y contemporáneos sobre estas prácticas.
 
Nayla Aramouni creció en El Líbano, donde realizó sus estudios de licenciatura en Educación en la Universidad Americana de Beirut. Pasó los primeros años de su carrera allí, trabajando para promover la lectura como profesora, administradora de una librería especializada en educación, y en una empresa dedicada a educación. En el 2008 viajó al Reino Unido y realizó el Máster en Filosofía en Literatura Infantil y el Doctorado en Educación en la Universidad de Cambridge. Actualmente, es coordinadora de programas y administradora de fondos en una organización internacional sin fines de lucro en Cambridge, Reino Unido, y continua dedicando su tiempo a los adolescentes y sus lecturas.


Hace algunos años comencé mis estudios de doctorado, en el cual investigué las actitudes hacia la lectura de los jóvenes en El Líbano. Esta no fue una decisión arbitraria. En primer lugar, yo nací y me crié en El Líbano y, mientras crecía (y después ya de adulta), frecuentemente me sorprendía con la cantidad de personas que manifestaban su amor por la lectura, pero cuán poca gente realmente leía. Rara vez vi a alguien leyendo. No en cafés, no en la sala de espera del doctor, no en los parques, ni en el salón de profesores, o en ningún espacio público. Aún así, leer está valorado socialmente y es una actividad que se considera prestigiosa. Tanto las participantes de concursos de bellezas como en los CV las personas dicen leer como pasatiempo.

El Líbano es un precioso y misterioso país, con mucho que ofrecer. Sin embargo, también es inestable y complejo. Rara vez se encontrará con información sobre el país que no mencione su guerra civil de 15 años, de la cual aún pueden observarse los efectos. Años de inestabilidad han creado lo que los libaneses llaman “La Situación”, un término usado para hacer referencia a todos los problemas que ocurren dentro El Líbano, y que afectan todos los aspectos de la vida del libanés  - incluso, como descubrí, la lectura de los jóvenes.

 


Vista de Beirut, fotografía tomada cerca de mi hogar en Brummana (crédito de la foto: mi cuñada, Stacy).
 
 
“La Costanera”, Beirut, El Líbano (fuente: www. http://www.beirut.com/l/25110)

Mi investigación comenzó con las definiciones de algunos términos, como “lectura por placer”. Quería que mi investigación se enfocara en la lectura que se realiza mayormente por placer. No importaba qué se leyera, siempre y cuando el motivo de la lectura fuera placer. Por ejemplo, excluí de mi estudio actividades tales como leer una reseña en línea sobre audífonos para un teléfono móvil que el lector estaba considerando comprar. Asimismo, textos como “back-stories” o las historias que aparecen en los videojuegos no fueron consideradas, ya que estas son leídas a medida que se avanza en el juego. Mi estudio se basó en teorías sobre la adquisición de actitudes hacia la lectura y motivación, cultura de la lectura, desarrollo lector y respuesta lectora.  El estudio también da cuenta sobre los vacíos que identifiqué en la literatura que aborda la lectura en Medio Oriente y en El Líbano.

El estudio se realizó en dos escuelas privadas, laicas y mixtas que cuentan con bibliotecas y usan el inglés como idioma de enseñanza. Mis participantes se encontraban en el último año de escolaridad y fueron seleccionados según sus respuestas a un cuestionario que distribuí entre los estudiantes de ese mismo nivel. Realicé entrevistas individuales semi-estructuradas con cada uno de ellos y después conduje entrevistas en grupos pequeños con aquellos estudiantes que querían y podían participar.

Mi primer hallazgo fue bueno. Cada uno de mis participantes, sin importar cuán inflexible fuera su rechazo a la lectura y declarara que nunca leía, tuvo al menos un libro que describió con los ojos brillantes y sonrisas. Todos tuvieron una experiencia positiva con la lectura. Sin embargo, esto no fue suficiente para crear el hábito de leer en la mayoría de los participantes.

Cuando les pregunté qué les gustaba leer, los entrevistados parecían tener los mismos gustos que los adolescentes de todo el mundo: Harry Potter, Twilight, Agatha Christie. Un hallazgo sorprendente entre quienes declaraban no disfrutar la lectura fueron los libros de filosofía, con El mundo de Sofía posicionándose como favorito más frecuentemente que, por ejemplo, Harry Potter.

De todas maneras, las razones por las cuales los estudiantes disfrutan estos libros parece ser diferente a las razones que adolescentes de otras partes del mundo podrían dar. Ellos leen ficción occidental porque es diferente a su propia realidad. Tienden a evitar cualquier obra que no haya surgido de Europa o América, porque sienten que los temas más recurrentes en la literatura nacional se relacionan con la guerra y el sufrimiento. De acuerdo con varios de los participantes, gracias a “La Situación”, la mayor parte de los lectores en El Líbano prefieren no leer nada que profundice temas que son considerados “violentos”, “terribles” o “deprimentes”.  Al parecer, la ansiedad relacionada con “La Situación” también juega un papel en limitar la cantidad de lecturas, incluso entre aquellos estudiantes que tienen actitudes positivas frente a la lectura. Aún con un fácil acceso a libros, e incluso para estudiantes motivados a leer, el número de libros leídos es relativamente bajo y sobreestimado por los mismos lectores. Aunque los estudiantes con una actitud positiva frente a la lectura son lectores entusiastas que leen bastante, el número de libros leídos es mucho más bajo que la cantidad de libros leídos por lectores entusiastas de otras partes del mundo (por ejemplo, en el Reino Unido, Estados Unidos, y Sudáfrica). También descubrí que las bibliotecas eran utilizadas ocasionalmente para obtener material de lectura. Los libros son usualmente comprados en una de las dos librerías, o, si éstos eran muy difíciles de encontrar o costosos, descargados ilegalmente.

 

 
 

Una sucursal de la librería Antoine, una de las dos librerías frecuentadas por los participantes.  Durante (arriba) y después (abajo) de la guerra civil (fuente: : http://bibliobs.nouvelobs.com/la-tendance-de-jerome-garcin/20120531.OBS7164/saint-beyrouth-des-pres.html)

En cuanto a cómo las lecturas son asignadas en la escuela, está claro que ser “obligados” a leer, como los participantes lo describen, tiene sus ventajas cuando a los estudiantes se les da a elegir una opción de lectura entre una amplia variedad de libros.  Esto fue particularmente destacable en aquellos que declaraban tener una actitud neutral o negativa hacia la lectura (como identificó el cuestionario realizado antes de la entrevista), para quienes se aseguró que la lectura se realizara en periodos largos y lo suficientemente frecuentes como para alcanzar un nivel profundo de compromiso con la misma. En la primera escuela con la que trabajé, les pidieron a los estudiantes leer dos libros durante el verano, mientras que en la segunda escuela a los estudiantes se les dio una lista, con varias opciones, de la cual elegir dos libros para leer. Los alumnos del segundo grupo, que tuvieron que leer obligatoriamente pero que tuvieron alguna elección sobre qué leer, admitieron que se habían involucrado con la lectura y que habían disfrutado de al menos un libro en ese año de lectura “obligatoria”. Por otro lado, todos los estudiantes en el otro grupo, a los que no les dieron a elegir qué libro leer, sintieron que esta falta de elección los hizo “odiar la lectura”.

Frank Smith (1988) propone la metáfora de un Club de Alfabetización, que explica la creencia de que aprendemos a leer y a disfrutar de la lectura al “unirnos al club” de personas a las cuales creemos parecernos. Lo que yo encontré, sin embargo, es que hay diferentes tipos de Clubes de Alfabetización, cada uno con su propia cultura y reglas de pertenencia. Uno de ellos parece ser un club de alfabetización que es inclusivo, en el sentido que la mayoría de los estudiantes de una escuela tiene interés en leer y, comúnmente,  recomiendan y participan en discusiones en torno a libros. No hubo una distinción marcada entre quienes les gusta leer y a aquellos que no.  El otro club siente menos respeto y admiración por sus profesores y compañeros como lectores, y hubo una gran diferencia entre aquellos que leen y aquellos que no. Aquellos que se consideraban lectores se veían a sí mismos, y eran vistos por otros, como parte de un grupo de élite. Quizás como consecuencia,  hubo un menor grado de involucramiento personal con el material leído, ya que el acto de leer parecía ser motivado no sólo por el placer de la lectura, sino que también por el deseo de pertenecer al grupo de “lectores”  y asimilar las características asociadas con ese grupo.

Hubo varios momentos reveladores durante la investigación. Uno de los más notables para mí fue la identificación de La Situación como una influencia en las actitudes y comportamientos hacia la lectura. Al haber nacido y haber sido criada en La Situación, no fui consciente inmediatamente que “ésta” existía. Solo cuando estaba analizando mis trascripciones y releyendo (por enésima vez) una cita de un participante (al que llamaré Rami) me di cuenta de esto. Estaba emocionada y triste por la repentina revelación. A Rami le gusta leer, pero él describió el momento en el cual decidió no seguir leyendo:

En verdad, estaba enojado porque estaba llegando a un punto en el cual empecé a entender qué es El Líbano, la situación, todo el dilema y, entonces, me enojé y fue como: ‘¿qué sentido tiene leer libros que tienen muchos significados, mensajes e imágenes cuando la situación en la que vivimos no es saludable y podemos ocupar ese mismo tiempo en hacer otras cosas?’ No sé qué otras cosas pueden ser. Fue como una excusa, no lo sé.

 Los pensamientos de Rami ejemplifican cómo el contexto de El Líbano influye en los hábitos lectores de los adolescentes. Lo que él estaba leyendo, repentinamente, dejó de tener sentido, ya que él posicionaba la lectura en relación a su entorno y sometía su hobby a un escrutinio racional. Esto creó el ‘dilema’ o tensión entre lo que a él le gustaba hacer (leer) y lo que él sentía que su entorno lo obligaba a ser. Él, como muchos, sabía instintivamente que existen beneficios que conlleva la lectura, que pueden tener un impacto positivo en el mundo que lo rodea. Esto es lo que lo llevó a reconsiderar su decisión y a continuar leyendo. Durante las últimas etapas de mi doctorado, nuevas investigaciones, sobre las formas en las cuales la lectura de ficción puede mejorar la Teoría de la Mente, las relaciones cercanas y la empatía, comenzaron a surgir (Kidd y Castano 2013). Quizás Rami alguna vez sintió que leer era inútil, debido a La Situación, pero estas nuevas investigaciones proveen la evidencia científica que corrobora su instinto sobre los beneficios de leer. Leer ficción puede ayudarlo a buscar el sentido y hacer frente al mundo que lo rodea. Es una razón adicional para esforzarse por promover la lectura por placer y aportar con más pruebas sobre cómo la lectura puede cambiarnos y cambiar el mundo a nuestro alrededor.

Las editoras agradecen a Javiera García Seguel por la traducción al español.
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Al Amine, A., Abouchedid, K., Llabre, M., Hadi, F., Gharzeddine, M., Huri, M., & Maiky, C. (2008). The psychological conditions of children and youth in Lebanon after the July 2006 war. Beirut, Lebanon: Lebanese Association for Educational Studies and the Kuwait Society for the Advancement of Arab Children

Kidd, D., & Castano, E. (2013). Reading literary fiction improves theory of mind. Science, 1(October), 1–6. doi:10.1126/science.1239918

Smith, F. (1988). Joining the Literacy Club: Further Essays in Education. Portsmouth, NH: Heinemann.

viernes, 20 de mayo de 2016

El lector juvenil, entre las lecturas personales y las escolares


© Mireia Manresa
 
En esta entrada continuamos con nuestros invitados internacionales y con una entrada que nos permite una mirada más profunda a la forma en que se conectan los mundos de los lectores adolescentes dentro y fuera de la escuela. Mireia Manresa es profesora de lengua y literatura catalana en la etapa de Educación secundaria. Actualmente compagina la docencia en un instituto especializado en e-learning (IOC) con la formación de maestros en el Departamento de Didáctica de la lengua y la literatura en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Es miembro del grupo de investigación en literatura infantil y juvenil y educación literaria GRETEL [http://www.gretel.cat/] de la UAB, dirigido por la Doctora Teresa Colomer.  Sus líneas de investigación se sitúan en la construcción de hábitos lectores en el marco de la formación del lector literario en la etapa de educación obligatoria y sus últimas investigaciones exploran la respuesta lectora a la literatura digital. Con su tesis doctoral obtuvo el Premio Extraordinario de Doctorado (Universitat Autònoma de Barcelona, 2010) y el Premio Telémaco 2010, concedido por el Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Universidad Complutense de Madrid y la Fundación SM.

En los institutos de secundaria de mi país existe la tradición de programar una obra literaria por trimestre en las asignaturas de las dos lenguas oficiales (catalán y español). Los encargados de elegir esas obras son los docentes de cada centro educativo, puesto que no existen prescripciones sobre títulos por parte de la administración en lo que a la etapa de la secundaria obligatoria se refiere. Asistí como docente a mi primera reunión para decidir dichas lecturas en septiembre de 1997 en un instituto de secundaria situado cerca de Barcelona y la experiencia me produjo ciertas inquietudes que me han acompañado hasta ahora. En primer lugar, tuve dudas sobre el sistema de programación de las lecturas en si mismo: si el objetivo era incidir en el hábito lector, ¿podía un único título trimestral para todos los alumnos, percibido por ellos como una actividad académica, conducirles a tener hábitos lectores sólidos? En segundo lugar, me cuestioné los criterios de elección de las obras: ¿por qué se elegían los títulos según los supuestos gustos adolescentes y en cambio se planificaban actividades tan académicas como un examen? Y si el objetivo era la formación literaria, ¿por qué no se elegían las obras teniendo en cuenta las convenciones literarias que ejemplificaban y por qué se acompañaban de actividades tan poco variadas como un trabajo estándar aplicable a todos los textos?

Esas preguntas me llevaron a una primera investigación exploratoria situada en el campo de la promoción lectora. Analicé los casi 3.000 libros leídos por los 1.379 adolescentes participantes en una campaña de lectura en una población de Cataluña donde se propusieron como reto leer, durante unos meses, tantos libros como su número de habitantes (53.365 en ese momento, el año 2000). Complementé el análisis con los datos sobre la programación lectora de los institutos de la población. Entre otros resultados observé que una buena parte de los títulos citados por los jóvenes provenían de la prescripción escolar. Pero además, coincidía que la mayoría de los participantes en la campaña de promoción asistían a centros de secundaria en los que se llevaba a cabo un proyecto de lectura libre y autónoma (Proyecto ELE) que complementaba a las lecturas trimestrales obligatorias.

Empecé a observar la necesidad de centrar la mirada en la relación entre los hábitos lectores personales de los chicos y la planificación lectora escolar y de ello surgió el diseño de mi tesis doctoral (Manresa, 2009; Manresa, 2013). El objetivo era describir las características de sus prácticas lectoras literarias fuera de las aulas y analizar las posibilidades de la escuela de incidir en ellas. Surgió, así, un estudio de caso situado en el campo de la investigación socioeducativa y anclado metodológicamente en diversas líneas de investigación (Baudelot et al., 1999; Hall y Coles, 1999, y Krashen, 1993 como referentes principales). Se sustentó en el análisis de los títulos leídos como lectura extraescolar por parte de los integrantes de tres grupos-clase durante sus tres primeros cursos en la educación secundaria obligatoria (12-15 años). A la vez, incluyó el análisis del impacto de un programa de lectura libre en los hábitos lectores de los mismos alumnos.
 
© Mireia Manresa

Muestro algunos ejemplos de resultados relevantes que matizan, complementan o confirman los de otros estudios y que conducen a implicaciones para la programación escolar de las lecturas:

El primer dato a resaltar es que los lectores fuertes o frecuentes (más de 10 libros por año) necesitan más atención de la escuela de lo que podría parecer ya que su hábito lector es más frágil de lo que refleja la gran cantidad de lectura que consumen. Son un grupo minoritario dentro del colectivo juvenil (un 5,5% a los 12 años según mis datos) y ello les sitúa en una posición que no incentiva la continuidad de su actividad lectora. Seguramente por este motivo, entre otros, su evolución en el paso de los 12 a los 15 años es claramente de disminución drástica de la lectura literaria. Tan solo un tercio de ellos se queda en una frecuencia lectora moderada con el paso del tiempo y coincide que ese tercio está formado únicamente por aquellos que en su primer año en secundaria (12 años) no se encasillan en los mismos tipos de textos. Por tanto, la diversificación y ampliación de sus lecturas en la escuela parece una vía necesaria para solidificar sus hábitos y para frenar la disminución de su actividad lectora.

Y ¿qué eligen leer los adolescentes de mi estudio? El segundo resultado que quiero destacar, y que confirma tendencias observadas en otras investigaciones, es que los jóvenes, en su mayoría, tienen poco criterio propio para elegir literatura. Se basan, principalmente, en los textos más populares, es decir, en aquellos que son o han sido leídos por muchos otros adolescentes, y que además les ayuden a leer por la familiaridad que presentan sus patrones narrativos. Ello provoca que la mayoría de los jóvenes, sean muy lectores o poco,  se encasillen en unos tipos de textos y por tanto que tengan habilidades lectoras determinadas y hábitos bastante frágiles. En cambio, este fenómeno tiene una contrapartida si nos fijamos en los jóvenes como colectivo, porque dibuja un marco de referentes comunes que puede ser explotado en las aulas para crear comunidad.

Y si los hábitos están tan globalizados ¿Qué diferencia existe entre los jóvenes catalanes de mi estudio y los de otros contextos? Principalmente, el bagaje de referentes que les aporta la lectura escolar. Esto lleva a pensar que según la tradición educativa en la que se inscriban los jóvenes sus universos lectores pueden quedar despoblados de algunos tipos de textos, como los más canónicos o los inscritos en algunos géneros determinados. De ahí la necesaria incorporación del criterio de complementación de las lecturas personales en la escuela y de un acompañamiento que les ayude a ubicar lo que les gusta leer: ¿por qué no una secuencia didáctica o itinerario sobre literatura romántica o sobre literatura vampírica que incluya tanto los libros juveniles del momento como sus referentes clásicos? ¿Por qué no formar los gustos literarios por contraste?

Una dimensión del hábito lector que se tiene poco en cuenta en la mayoría de estudios es la dimensión valorativa, es decir, las posibilidades que tiene el lector de expresar su experiencia lectora. Ser capaz de ir más allá de “me gusta”, “no me gusta”, “es divertido” o “es aburrido” forma parte de las habilidades de un lector competente. Mis datos muestran que los argumentos más sofisticados son propios casi exclusivamente de los jóvenes con un bagaje de lecturas extenso y diverso. Si duda, educar en la competencia para la conversación social sobre la ficción cada día es más relevante por la fuerza que va tomando la socialización lectora en la red.

Finalmente, ¿qué efectos tiene la aplicación de un programa de lectura libre en los hábitos lectores? Anoto dos: cuanto más consumo de lectura escolar libre y autónoma más aumento de la lectura personal y cuanta más lectura escolar libre más progreso en la valoración de los textos. Y es que la programación de lectura libre y de lectura guiada simultáneamente (cursive y analitique según el currículum francés) permite tender puentes entre la lectura personal y la lectura escolar, entre la construcción de hábitos lectores y la formación del lector literario, las dos caras de una misma moneda.
 
Mireia Manresa

Bibliografía citada

BAUDELOT, C.; CARTIER, M.; DETREZ, C. (1999). Et pourtant ils lisent... París: Éditions du Seuil.
HALL, C.; COLES, M. (1999). Children's reading choices. London: Routledge.
KRASHEN, S. (1993). The power of reading. Insights from the research. Englewood (Colorado): Libraries Unlimited, Inc.
MANRESA, M. (2009): Els hàbits lectors dels adolescents. Efectes de les actuacions escolars en les pràctiques de lectura. Dirección de Teresa Colomer. UAB.
MANRESA, M. (2013): L'univers lector adolescent. Dels hàbits de lectura a la intervenció educativa. Barcelona: Associació de Mestres Rosa Sensat.
 

viernes, 29 de abril de 2016

Realidades diversas: Otra mirada a las encuestas y los estudios sobre lectura en México


 


Para esta entrada enlistamos la ayuda de Cutzi L. M. Quezada quien es ahora parte de nuestro equipo. Cutzi es Mtra. en Lenguas y Literaturas Europeas, Americanas y Postcoloniales (Literatura comparada) por la Università Ca’Foscari di Venezia. Desde el 2015 desarrolla una investigación sobre el libro álbum en la colección Los Especiales de A la Orilla del Viento del FCE, en el programa de Doctorado en Letras Modernas de la Universidad Iberoamericana. Actualmente forma parte del Programa Nacional Salas de Lectura de la Secretaria de Cultura de México con la sala “Rayuela de Letras”.

Desde hace algunos años en México tanto instituciones gubernamentales como las ONGS han mostrado especial interés en los hábitos de lectura de la población y durante el 2015 se dieron a conocer los resultados de dos encuestas realizadas a nivel nacional. La primera encuesta que apareció fue la realizada por la SEP y CONACULTA, en zonas urbanas y rurales, a personas de 12 o más años. Incluye el tema de la escritura así como algunos elementos de lectura digital y se conoce como: Encuesta nacional de lectura y escritura 2015-2018. La segunda fue realizada bajo el liderazgo de IBBY México con el apoyo de instituciones editoriales y educativas y con soporte de Banamex. Esta Primera encuesta nacional sobre consumo de medios digitales y lectura se centró de manera especial en los hábitos de consumo y uso de medios digitales entre personas de 12 a 29 años pero solamente en zonas urbanas.

Entre los objetivos generales de la encuesta realizada por las instituciones gubernamentales, está conocer ‘las prácticas y hábitos de lectura y escritura en México’ y conformar políticas públicas para el fomento de la lectura. [1] En el caso de la encuesta de IBBY/Banamex, la búsqueda clave es ‘identificar los hábitos de consumo y uso de medios digitales entre los jóvenes mexicanos’[2], además de conocer el impacto que los medios digitales han tenido en la cultura lectora, cómo cohabitan con los medios impresos y qué intereses y necesidades satisfacen los jóvenes a través de la lectura en medios digitales e impresos.
 
Dada la importancia de estas encuestas, nos dimos a la tarea de volver a ellas (ver blog de14 enero 2016) y analizar algunos de los puntos relevantes de las encuestas sobre los y las jóvenes de 12 a 15 años para cotejar estos resultados con los datos arrojados en nuestra investigación sobre Transformaciones lectoras. A pesar de que el aspecto cuantitativo no es comparable, los elementos cualitativos de nuestra investigación nos permiten ahondar en algunos resultados. Las siguientes observaciones resultaron de esta nueva mirada.

Podemos considerar ambas encuestas nacionales mencionadas como complementarios, por lo menos para el sector juvenil entre 12 y 29 años, sin embargo, en la  encuesta IBBY/Banamex las personas entre 12 y 14 años representan el 19% de la muestra y en la de SEP/CONACULT la edad de 12 a 17 años es el 14.23%. El sector entre 12 y 15 por lo tanto se representa con un porcentaje muy bajo si consideramos que es un sector crítico en cuanto a la lectura.

Los resultados de las encuestas sostienen que entre los 12-17 años se lee más que en los siguientes años (a pesar de que, según IBBY/Banamex, los jóvenes no se identifican como tales o no aspiran a ser lectores – algo que nosotros también notamos en nuestro estudio). Además, de acuerdo con IBBY/Banamex el 61% de los jóvenes entre 14-15 años lee por gusto y SEP/CONACULTA informa que en esa edad se leen por gusto 4.2 libros al año frente a los 3.5 libros en promedio del resto de la población. En nuestro estudio, encontramos también evidencia de que lectores y lectoras se acercan a los textos literarios por gusto o por entretenimiento (una motivación que por lo tanto no es exclusiva de los medios digitales).

Por otro lado, en esta fase inicia el declive e incluso el abandono del hábito de la lectura. Además, en México la asistencia a la escuela disminuye con la edad, en particular a partir de los 15 años, desciende del 90% a un 60% aproximadamente[3]. Este período por lo tanto representa una oportunidad final para los mediadores institucionales de incidir y fortalecer la lectura y para aprovechar, y mantener el ese gusto. Sin embargo, para hacerlo, es necesario que esos mediadores, así como el público en general, reflexionen sobre lo que suele entenderse como ‘lectura’ a principios del siglo 21.

Un aspecto de estas encuestas que sorprende es que, dados los esfuerzos en cuanto a promoción y mediación que se dirigen a los niños, ninguna incluye niños menores de 12 años. Reiteramos que hay una necesidad urgente de incluir esta población en las encuestas para poder comenzar a comprender los cambios actuales.

 


Otra observación que queremos resaltar ha sido abordada de forma experta por Néstor García Canclini, antropólogo reconocido que trabaja en México, quien con un equipo de investigadores y con asesoría de expertos en el tema de la lectura, publicó en 2015 un trabajo importante: Hacia una antropología de los lectores. Este trabajo responde, en primera instancia, a las encuestas alarmistas de SEP/CONACULTA 2006 y 2015[4] que ponen énfasis en el número de libros impresos y leídos, utilizando instrumentos a los García Canclini llama ‘encuestas librocéntricas’. El interés de este antropólogo se vierte en dos ideas claves: el intercambio y la organización social de los lectores, es decir, ‘cómo leen lectores de distintas sociedades, edades y formaciones –en diferentes soportes: papel o digital- y cómo interactúan entre ellos en la escuela en el trabajo o en la comunicación cotidiana. Cómo se organizan distintos lectores […] para conocer y comunicarse las novedades editoriales, de los sitios de Internet o las redes sociales.’ (XIII)

Esto se alinea con las ‘comunidades de diálogo’ o ‘pláticas literarias’ en nuestro proyecto que permitieron la socialización de lo leído en los grupos de lectura, mediante acciones en las que el mediador es un agente interesado y responsable de la conducción respetuosa y estimulante de la interacción. En Transformaciones aplicamos nuestro interés en grupos específicos de lectores en la etapa secundaria (en una escuela urbana y otra semi-rural) para saber de ellos, de manera clara y directa, procurando hacerles reflexionar sobre sus experiencias lectoras y así notar las muchas cosas que leen todos los días, desacralizando el acto lector y ubicándolo en la cotidianeidad, más allá de los textos impresos. Este descubrimiento abrió su mirada y quitó el estigma juvenil de ser lector o lectora de acuerdo a percepciones más tradicionales. Saber leer hoy en día, como comenta García Canclini, ‘es entender cómo podemos manejar y jerarquizar contenidos heterogéneos en la exuberante información contemporánea. Filtrar, discriminar y elegir.’ (20).

Finalmente, otro problema es en que las encuestas y otros estudios, los cambios en la lectura que han surgido con la era digital se suelen generalizar y aplicar a toda la población. Sin embargo, en nuestra investigación, nos dimos cuenta de que el uso de Internet, de computadoras, tabletas electrónicas o teléfonos inteligentes no está tan generalizado como se cree: pocos jóvenes eran dueños de alguno de estos aparatos y sólo algunos tenían Internet en casa. Observamos que su relación con la lectura sigue siendo mediante la letra impresa, llevándonos a especular que estos jóvenes de 14 y 15 años son todavía parte de una ‘generación de transición’: conocen el mundo digital y se conectan cuando pueden pero todavía no es una parte integral de su vida diario ni de sus experiencias lectoras. En las encuestas se señala que 8 de cada 10 personas jóvenes (IBBY/Banamex) o el 77.8% de la población en general (SEP/CONACULTA) disponen de Internet en sus casas, pero esto no refleja lo que nosotros encontramos, quizá porque las encuestas nacionales se centraron sobre todo en áreas urbanas. Incluso el estudio de García Canclini se limitó a la Ciudad de México y por lo tanto, a una población muy distinta al resto del país (basta con señalar que en la Ciudad de México hay 470 librerías y aunque es poco respecto a la población total citadina, siguen siendo mucho más que en provincia).  

En un país como México donde existen tantas ‘realidades’ distintas, con tan alto grado de  pobreza y desigualdad económica hay que tener precaución al generalizar sobre los cambios en la lectura y es indispensable complementar los estudios cuantitativos con estudios cualitativos, con grupos específicos de lectores, comenzando desde la infancia y en diversas zonas geográficas del país.

Cutzi L.M. Quezada, Laura Guerrero y Evelyn Arizpe

 
BIBLIOGRAFÍA

Encuesta nacional de lectura y escritura 2015-2018. México: SEP/CONACULTA, 2015. PDF. 24 Feb. 2016. <https://observatorio.librosmexico.mx/encuesta.html>

García Canclini, Néstor et. al. Hacia una antropología de los lectores. Madrid, México: Fundación Telefónica, UAM, 2015.

Presentación de la Encuesta nacional de lectura y escritura 2015-2018. México: SEP/CONACULTA, 2015. PDF. 24 Feb. 2016. <https://observatorio.librosmexico.mx/encuesta.html>

Primera encuesta nacional sobre consumo de medios digitales y lectura. México: IBBY/Banamex, 2015. Web. 24 Feb. 2016. http://www.ibbymexico.org.mx/images/ENCUESTA_DIGITAL_LECTURA.pdf


[1] https://observatorio.librosmexico.mx/encuesta.html
[2] http://www.ibbymexico.org.mx/images/ENCUESTA_DIGITAL_LECTURA.pdf
[4] El estudio de IBBY/BANAMEX se dio a conocer a finales de 2015

jueves, 31 de marzo de 2016

La complejidad de la experiencia lectora: Reflexiones de un grupo de lectores adolescentes de cómics


  The Damaged Books Room (Fantagraphics). Jonas Seaman

 
Agradecemos mucho a Lucia por esta entrada sobre su investigación con jóvenes, lectura y comics. Seguramente será de interés para muchos de nuestros lectores. Las más recientes conferencias y exposiciones sobre comics muestran que cada vez más se reconoce su estética y su potencial.
Justamente acaba de inaugurarse una exposición en el Museo Hunterian de la Universidad de Glasgow:
http://www.gla.ac.uk/hunterian/visit/exhibitions/exhibitionprogramme/comicinvention/#/whatisacomic?

EA y LG


Lucia Cedeira Serantes trabaja como Assistant Professor en la Graduate School of Library and Information Science (Queens College, CUNY). En estos meses, su trabajo se concentra en la expansión y publicación de una parte de la tesis dedicada al rol que la materialidad juega en la experiencia lectora. Sus próximos proyectos se enfocarán en la relación entre “no lectores” y lectura: las maneras en que nociones y prácticas adheridas a la experiencia lectora se comunican y perpetúan en la sociedad y cómo los “no lectores” modifican o rechazan estas nociones como parte del desarrollo de su identidad.

 

Después de un año en mi programa de doctorado, el tema que me había animado a comenzar estos estudios no resultó lo suficientemente motivante. No era ni seré la última estudiante que pasa por esa experiencia. Con algo de ansiedad y mucha ilusión comencé la búsqueda de un nuevo tema que llegó después de mucha lectura, paciencia y consejos de mis tutoras de tesis. Mi interés por la experiencia lectora, y por los lectores de cómics en particular, surgió a partir de varios proyectos de trabajo, de los cuales algunos llegué a publicar (Cedeira Serantes, 2013) y otros se quedaron en ese tintero invisible que tenemos los académicos— la carpeta real o virtual de Ideas que todos acumulamos.

¿Por qué los cómics y sus lectores merecen nuestra atención? Simplemente me pareció que detrás de las experiencias lectoras de estos jóvenes interesados en cómics (webcomics, novelas gráficas, manga, etc…) había una complejidad y riqueza que no encontraba en las investigaciones de Comunicación (centradas en las experiencias de los fans) y en los trabajos publicados en Biblioteconomía y Educación (centradas en lectores con dificultades lectoras y lectores visuales).

Tradicionalmente, los cómics han sido un material de gran interés para los jóvenes a pesar de que los adultos, desde la familia e instituciones culturales y educativas, los han menospreciado. En general, la investigación sobre cómics sigue dos caminos: 1) el análisis literario, lingüístico o estético de los textos, sobre todo para decidir o justificar su status como literatura “de calidad”; 2) los cómics como texto/producto que es clave en las actividades y experiencias de las comunidades de fans. Mi objetivo con este trabajo doctoral era promover un cambio de perspectiva en las investigaciones sobre la lectura de cómics. La pregunta que orientó mi interés fue la siguiente: cómo los lectores construyen y entienden su experiencia lectora, especialmente cuando el cómic es un material de lectura, y lo que este proceso revela sobre sus identidades lectoras y los contextos sociales de esta experiencia.  Mi intención era alejarme de las investigaciones centradas en fans y consumismo y en el análisis estético o literario y centrarme en los lectores y la experiencia lectora. Este enfoque resalta mis influencias académicas: investigadores como Radway (1991) que inspiró mi interés en grupos de lectores ignorados; Mackey (2011) y Ross, McKechnie y Rothbauer (2006) quienes ayudaron a materializar este proyecto; y Gemma Lluch y Fuller y Rehberg Sedo (2013) quienes continúan ampliando mis horizontes académicos.

Antes de continuar he de hacer una pequeña confesión. Mi propia historia personal como lectora de cómics me ayudó a reconocer que existía la posibilidad de que la experiencia lectora de cómic no fuese tan simple como la veía reflejada en muchas investigaciones. Nací en España y en mi infancia leía tiras e historietas como 13, Rue del Percebe de Francisco Ibañez, Astérix de Goscinny y Uderzo, y El Capitán Trueno de Mora y Ambrós. Ya adolescente, el tebeo americano invadió mi imaginario y la Patrulla X se convirtió en una de mis lecturas favoritas. En la universidad mi interés por los cómics disminuyó y El Víbora fue la única superviviente de esta criba cultural hasta que redescubrí los cómics durante mis estudios de biblioteconomía en Pittsburgh. Supongo que nada mejor que Maus de Art Spiegelman para hacer resurgir este interés. Mi vida lectora mezcla géneros, orígenes y formatos y se convirtió en un ejemplo (evidentemente anecdótico) de la diversidad del medio así como de los elementos que pueden afectar el desarrollo del interés por la lectura de cómic.

Una de las claves en el desarrollo de este estudio era mantener las voces de los lectores en el centro de la investigación y de la comunicación de los resultados. Una metodología fenomenológica-hermenéutica (Cohen, Kahen y Steeves 2000; Kvale y Brinkmann 2009) permitió que la riqueza y los múltiples aspectos de la experiencia lectora emergieran de inmediato. El grupo de participantes incluía diecisiete jóvenes, de entre dieciséis y veinticuatro años, nueve chicos y ocho chicas. En este grupo estaban representadas diferentes experiencias lectoras, algunos llevaban leyendo cómics sólo un año y otros desde su niñez. Para lograr esta diversidad en experiencias lectoras, el reclutamiento de participantes se realizó en tiendas de cómics, en bibliotecas públicas, y en una universidad.

Las consideraciones, experiencias y procesos que surgieron de estas entrevistas demuestran que la lectura de cómics es una práctica sofisticada con elementos característicos únicos y además presenta a este grupo de lectores como reflexivos, comprometidos y concienzudos. Igualmente, de estas conversaciones se intuye que la experiencia lectora necesita ser contextualizada (situated), requiriendo del investigador el estudio de cómo afecta a la identidad lectora (reader-self) y viceversa, así como el/los contexto/s social/es donde la experiencia tiene lugar. Esta complejidad ya se reflejaba en la riqueza y multiplicidad de perspectivas que surgían durante las entrevistas. Pero para poder trabajar con esta información, a veces la tentación era intentar simplificarla: separar lo que mis lectores describían como una experiencia unificada en compartimentos que, como investigadora, me serían más sencillos de analizar y comunicar. Conseguí superar esta tentación trabajando con una representación visual, que no un modelo, que mostraba lo que identifiqué como las cuatro dimensiones de la experiencia lectora pero al mismo tiempo mantenía una unidad compleja presente y visible: 1) la construcción de la identidad lectora (reader-self); 2) el importante rol que juega la materialidad de las cómics (comics form and format); 3) las instituciones que contextualizan la lectura de cómics (institutions); 4) la singular relación que tienen las estructuras temporales aceleradas que caracterizan la sociedad contemporánea y la lectura de cómics (time).

 


 

Lucia Cedeira Serantes


Esta representación visual no es tan clara como debería ya que responde más a un borrador de uso personal que a un modelo para la comunicación académica, pero sirvió a la perfección para evidenciar  que las cuatro dimensiones trabajan al unísono  y así reflejar la complejidad que los participantes en el estudio compartieron conmigo. La primera dimensión, la identidad lectora, trata de explorar cómo ésta se construye individual y colectivamente, sobre todo cuando se considera la importancia de la comunidad comiquera. El género de los lectores así como las experiencias lectoras satisfactorias e insatisfactorias también influyen en la evolución de esta identidad. La importancia de la materialidad se hace notar desde el momento en que son los propios participantes los que la incluyen en nuestras conversaciones. Esta inclusión apunta a la necesidad de investigar cómo el cambio de formatos y materiales puede transformar nuestra relación con la experiencia lectora y con lo que elegimos para leer. Así pues, los participantes reflexionaron y compartieron las características del formato impreso y la lectura en papel y lo que éstas permiten y posibilitan (incluso en sus limitaciones) en comparación con formatos digitales. La tercera dimensión invita a considerar la importancia de las instituciones y estructuras que rodean e influyen en la experiencia lectora, entre ellas la industria de los cómics así como las instituciones culturales y educativas como bibliotecas, escuelas o universidades. De manera directa e indirecta, en estos espacios la lectura de cómics se introduce, se apoya, o se menosprecia. Finalmente, la cuarta dimensión se centra en las estructuras temporales que rodean a los lectores y se centra en cómo éstos definen las cómics como textos complejos que con fluidez se adaptan a unos requerimientos temporales de escasez, aceleración, velocidad, e instantaneidad pero al mismo tiempo los lectores aprecian que el lenguaje de las cómics apoya la creación de momentos para la contemplación (Cedeira Serantes, forthcoming 2016).

La información que aflora de las experiencias y las reflexiones de los participantes en este estudio desafían profundamente los lugares comunes y estereotipos compartidos sobre las prácticas lectoras de un grupo tradicionalmente menospreciado. Los posts anteriores de Erin Spring y Carolina González evidencian que la investigación sobre lectura y jóvenes lectores está en un momento expansivo en que busca sumergirse en la búsqueda del significado y la relevancia de las prácticas lectoras así como en el rol de “nuevos formatos” como los cómics. Mis lectores compartieron unas experiencias y consideraciones que ayudan en esta expansión de nuestro conocimiento sobre las prácticas lectoras de los jóvenes. La complejidad que revelan y comparten también sustenta la urgente necesidad de introducir los cómics en bibliotecas y otras instituciones culturales y académicas.

Referencias:

Cedeira Serantes, L. 2013. Misfits, loners, immature students, reluctant readers: Librarianship participates in the construction of teen comics readers. In Transforming young adult services: A reader for our age, edited by Anthony Bernier, 115-135. New York: Neal-Schuman.

Cedeira Serantes, L. forthcoming 2016. When comics set the pace: The experience of time and the reading of comics. In Plotting the Reading Experience: Theory, Practice, Politics, edited by Lynne Mckechnie, Paulette Rothbauer, Knut Oterholm, and Kjell Ivar Skjerdingstad. Waterloo, Ontario Wilfrid Laurier University Press.

Cohen, M. Z., David L. Kahn, and Richard H. Steeves. 2000. Hermeneutic Phenomenological Research: A Practical Guide for Nurse Researchers. Thousand Oaks, Calif.; London; New Delhi: Sage.

Fuller, D., and DeNel Rehberg Sedo. 2013. Reading beyond the Book: The Social Practices of Contemporary Literary Culture. New York: Routledge.

Kvale, S., and S. Brinkmann. 2009. InterViews: Learning the Craft of Qualitative Research Interviewing. Thousand Oaks, CA: Sage.

Mackey, M. 2011. Narrative Pleasures in Young Adult Novels, Films, and Video Games. Houndmills: Palgrave Macmillan.

Radway, J. A. 1991. Reading the Romance : Women, Patriarchy, and Popular Literature. Chapel Hill: University of North Carolina Press.

Ross, C. S., McKechnie, L., and P. M. Rothbauer. 2006. Reading Matters: What the Research Reveals about Reading, Libraries, and Community. Westport, CT: Libraries Unlimited

miércoles, 9 de marzo de 2016

Sexualidad, jóvenes y lectura


 
De la película Bajo la misma estrella, basada en la novela de John Green

Uno de los cambios sociales y culturales más notorios en los últimos veinticinco años es el que se observa en relación a la sexualidad de los jóvenes. Los medios de comunicación, el internet y las redes sociales han tenido un gran impacto en este sentido, han facilitado el acceso, por un lado, a la información acerca de todo tipo de temas y perspectivas relacionadas con la sexualidad y, por otro lado, a todo tipo de pornografía y violencia sexual. La investigación en México, como en otros países, muestra que la fecundidad de las adolescentes ha aumentado, al igual que el número de jóvenes con vida sexual activa. A pesar de que, en general, la información sobre salud reproductiva y el conocimiento de métodos anticonceptivos efectivos se ha incrementado, esto no parece haber hecho mella en la tasa de embarazos de adolescentes ni en el porcentaje de enfermedades de transmisión sexual. También se ha observado que es uno de los grupos más afectados por la violencia sexual y, en general, sigue habiendo una mayor vulnerabilidad entre los y las adolescentes de los sectores de la población con menor educación y mayor pobreza.[i]
En nuestro estudio sobre lectura no teníamos la intención de indagar sobre la sexualidad de los adolescentes, sin embargo, era inevitable que surgiera el tema dado que nuestros participantes, que tenían entre 14 y 15 años, se encontraban en esa etapa crucial de la vida humana en cuanto a la exploración y la construcción de opiniones, representaciones, perspectivas y decisiones acerca de las relaciones, el sexo y la orientación sexual. Los comentarios más comunes de los chicos y chicas se hicieron sobre la necesidad de obtener información, en especial acerca de la homosexualidad, el acoso, la coacción y la violencia de pareja.
En parte, estas inquietudes surgieron a partir de las lecturas: en Justicia Divina hay una escena sexual explícita además de referencias a la homosexualidad de uno de los fantasmas; en La niña de rojo, el tema de la trata y explotación sexual de las mujeres impregna el libro álbum y hay una subyacente amenaza de violencia desde el principio hasta el final y en Memorias de Idhún destaca el deseo y el amor de los enemigos mortales, Kirtash y Jack, por Victoria que los lleva a aceptar que ella los ama a los dos (más adelante en la saga tiene relaciones sexuales con ambos).
Sin embargo, aun antes de darles los libros, las referencias a la sexualidad surgieron, casi de inmediato, cuando hablamos de sus lecturas fuera del colegio. Uno de ellos mencionó, con franqueza, que el tema de las relaciones sexuales era uno que le interesaba: “ahorita he leído un libro que se trata de los adolescentes, qué les ha pasado, cómo cuidarse y todo […] en la relación sexual, cómo protegernos, y pues ya.”
Al principio pensamos que quizá por medir nuestra reacción, dos jóvenes nos comenzaron a contar en detalle novelas eróticas. Más adelante, cuando llegamos a conocer un poco a los participantes, nos pareció que en ambos casos su elección y su deseo de hablar sobre estos temas tenían que ver con situaciones donde ellos veían alguna semejanza con incidentes o problemas que los estaban afectando en ese momento. Una chica nos relató:
[…] me gusta leer, apenas leí un libro que se llamaba “Julieta y sus hombres de juguete”, trata como de sexo o así, habla de cómo juega con ellos, porque trata de que ella tuvo, estuvo muy enamorada de una persona, de un chavo, y la trató mal, y después ella quiso hacer lo mismo, quiso tratar mal a los hombres, y como es muy bonita y tenía un buen cuerpo, jugó con todos ellos, y les hacía cosas feas como dejarlos así como… es que se oye vulgar… como calientes […]
El otro joven nos describió un libro del Marqués de Sade y más adelante en el proyecto volvió varias veces al tema del abuso y la violencia; por ejemplo, en su “Río de lectura”  incluyó un libro llamado El Arte de ser Joven y nos explicó que trataba sobre
[…] cómo tener una relación amorosa sin violencia, en donde implica que una persona no tiene que ser violentada por su pareja, que tiene que haber amor mutuo y que no se debe de forzar a una persona a tener relaciones, si las dos no quieren, porque eso sería abuso sexual.
Entre los demás participantes hubo varias alusiones al tema de la violencia sexual, algunas más explícitas que otras, y sobre todo relacionadas con La niña de rojo donde el primer final deja la suerte de la niña en manos del “lobo” y a la imaginación del lector.
Las alusiones a la homosexualidad fueron menos explícitas pero se hizo evidente que algunos participantes estaban preocupados por su orientación sexual. A pesar de que existe más tolerancia en México en general ante la población LBHT, todavía existen muchos sectores culturales y religiosos conservadores caracterizados por la intolerancia y la homofobia. De nuevo, estos comentarios surgieron en la primera sesión:
Había una librería […] pasé y encontré muchos libros y todos se me hicieron muy padres, pero había uno que me llamaba la atención […] decidí comprarlo, y me gustó, lo empecé a leer, a leer, a leer, y me empenetré [sic] de todo lo que venía, de cómo una jovencita se puede enamorar de alguien de su mismo sexo…
Es importante notar que este tipo de comentarios arrojan serias preguntas para todas las personas que trabajamos con jóvenes, aunque sea en un taller de lectura. ¿Qué decir sobre estos libros? ¿Cómo responder? Podemos escuchar y mostrar empatía, pero podemos ni debemos situarnos como psicólogos o terapeutas si no tenemos ese entrenamiento. De acuerdo con los procedimientos éticos de investigación, cuando los investigadores identifican que un participante parece tener un problema que lo está afectando, sobre todo, cuando se trata de un alumno en edad escolar, se debe informar a las autoridades correspondientes. Aun sin evidencias clara sentimos que, no obstante la confidencialidad de la respuesta lectora, era más importante hablar con la persona responsable de los y las estudiantes sobre nuestra preocupación, en este caso resultó que ella ya estaba pendiente del caso.

 
En la encuesta llevada a cabo en 1992, entre los libros más leídos, se encontraron Nacida inocente, Pregúntale a Alicia y ¿Qué le pasa a mi cuerpo? En 1996, el libro más popular fue Juventud en Éxtasis de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, autor que en esa época estaba entre los más conocidos y sus obras eran de las más vendidas en México. En un artículo que explora la construcción de sexualidades y relaciones en esta novela de “auto-ayuda”, Daniel Nehring (2009) nos dice que la popularidad de esta novela resalta las transformaciones culturales en cuanto a las relaciones sexuales en México en las últimas décadas, sobre todo en cuanto a las tensiones entre la tradición (religiosa-patriarcal) y la modernidad.
Los libros de Cuauhtémoc Sánchez aparecieron de nuevo en la encuesta de 2014, pero se encontraron con un rival en Cincuenta sombras de Grey de E. L. James (la película aún estaba por estrenarse). Una tarde que llegamos al taller en una de las escuelas, la directora nos contó que le había confiscado el libro a una de las alumnas. Una de las participantes en el taller me contó que también lo estaba leyendo y defendió la lectura de su compañera:
[…] la directora se enojó que porque esos libros no son para nuestra edad. Pero pues yo siento que depende como lo tomes ¿no?, porque también si tú eres una persona morbosa o de ese tipo de personas, pues obviamente que eso lo vas a tomar de esa manera, pero o sea, yo lo tomo como una distracción, como conocer experiencias de libros, y pues lo estoy leyendo, y no lo traigo a la escuela porque sí, se lo quitaron […] Entonces pues yo lo vi como una injusticia, porque hasta la misma directora dijo que ese tipo de libros depende de cómo los tomemos, porque es un libro erótico […] o sea, sí hay edades para leer libros, pero por ejemplo mi mamá, yo le digo de qué trata, y me dice: no pues tómalo así y así y así ¿no?, entonces me ayuda un poco a digerirlo mejor.
Esta defensa es alentadora en el sentido que nos muestra una posición madura por parte de esta joven, en la cual está consciente de las distintas razones y maneras de acercarse a este tipo de lecturas, de la importancia de poder “conocer experiencias” a partir de los libros sin exponerse a situaciones riesgosas y de la ventaja de poder hablar de ello con alguien con actitud abierta quien la pueda guiar, en este caso su madre.
Mientras que Lydia Kokkola (2013) sostiene que en la mayor parte de la literatura juvenil subyace una perspectiva conservadora y controladora por parte de los adultos (quienes continúan a inquietarse por la manifestación del deseo en los jóvenes), Kimberley Reynolds (2007) señala que hay libros juveniles “radicales” que no sólo representan los cambios en la sociedad sino que a la vez contribuyen a formar nuevas actitudes y expectativas acerca de, y entre, los jóvenes. Además sostiene que estos libros pueden ayudar a los lectores a ajustarse a estos cambios culturales y sociales. Así, en la década de los 70, en los libros expresamente escritos para jóvenes predominaban los mensajes informativos y didácticos acerca de la sexualidad pero más recientemente, pesar de las críticas y censuras, los libros juveniles han comenzado a abordar los temas del deseo, el placer y las relaciones entre adolescentes (heterosexuales, bisexuales u homosexuales), con cada vez más naturalidad, sin caer en “pánicos morales” y hasta con humor. Pensemos por ejemplo en  Bajo la misma estrella de John Green, otro de los libros más mencionados en la encuesta de 2014, donde se muestra una relación franca, amorosa y respetuosa entre dos jóvenes (incluso olvidamos que están enfermos).
La lectura de este tipo de libros juveniles “radicales”, aunada a una mediación adecuada y preparada, puede proporcionar espacios seguros para explorar y expresar dudas y sentimientos en vez de mantener los silencios alrededor de situaciones peligrosas o abusivas. Quizá también les ayude a los jóvenes lectores a tomar decisiones informadas y a la vez asumirse como seres sexuales, con todo lo que esto implica.


Del “Río de lectura” de uno de los participantes en el taller

 
Referencias
Kokkola, L. (2013) Fictions of Adolescent Carnality: Sexy sinners and delinquent deviants. Amsterdam: John Benjamins Publishing Company

Nehring, D. (2009) Modernity with Limits: The Narrative Construction of Intimate Relationships, Sex and Social Change in Carlos Cuauhtémoc Sánchez's Juventud en Éxtasis Sexualities 12 (1) 33-59.

Reynolds, K. (2007) Radical Children’s Literature. Nueva York: Palgrave Macmillan.


[i] Referencias generales: Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012;  Campero Cuenca1, L. et al (2013) Salud sexual y reproductiva de los adolescentes en México: evidencias y propuestas, Gaceta Médica de México 149:299-307;  Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2014 (INEGI); Stern, C. (coord) (2008) Adolescentes en México. Investigación, experiencias y estrategias para mejorar su salud sexual y reproductiva. El Colegio de México.